El rey oscuro y la sombra colectiva: Sectarismo político en la administración de Trump.


El rey oscuro y la sombra colectiva: Sectarismo político en la administración de Trump.

La historia humana está marcada por figuras cuyo ascenso al poder revela no solo sus ambiciones personales, sino también la sombra colectiva de la sociedad. "La locura de un hombre puede guiar a todo un pueblo" es más que una metáfora: es un principio psicológico que atraviesa épocas y geografías. 

Campos de detención de personas en la administración de Trump.


El arquetipo del rey oscuro simboliza la distorsión del liderazgo: un poder que ya no guía ni protege, sino que domina y explota. El rey representa la autoridad, el orden y la estructura, pero cuando se desconecta del principio de individuación, degenera en tiranía. El rey oscuro no es solo un líder corrupto, sino la manifestación de una psique colectiva que ha perdido su equilibrio.

James Hillman, en The Soul's Code, señala que el poder mal encauzado puede volverse un "síndrome narcisista colectivo", donde el líder y sus seguidores se alimentan mutuamente de ilusiones grandiosas. Donald Trump encarna este arquetipo no solo por sus características personales, sino porque su figura resuena con una necesidad arquetípica inconsciente en la sociedad estadounidense: la de un líder fuerte que promete restaurar un orden idealizado, aunque sea a través del conflicto y la exclusión.

Sectarismo Político: La psicología del fanatismo colectivo.

Un estado sectario no es solo una entidad política; es un estado mental. El sectarismo es un fenómeno psicológico que reduce la complejidad de la realidad a dicotomías rígidas: nosotros vs. ellos, buenos vs. malos, patriotas vs. traidores. El autoritarismo y el fanatismo surgen como respuestas al terror existencial de la incertidumbre. Las personas se aferran a ideologías rígidas como una defensa contra la ansiedad que genera un mundo cambiante e inestable.

Las características de una mente sectaria —fanatismo, intransigencia, intolerancia, radicalismo, parcialidad, dogmatismo— no son solo rasgos individuales; son síntomas de una cultura traumatizada que busca un falso refugio en la certeza absoluta. Trump supo explotar esta vulnerabilidad, creando un culto de personalidad donde la lealtad se mide en términos de sumisión ideológica, no de pensamiento crítico.


La sombra colectiva de Estados Unidos.

Jung definió la sombra como el conjunto de aspectos reprimidos de la psique individual y colectiva. En términos sociales, la sombra incluye el racismo, la xenofobia, la violencia y el autoritarismo latentes en una cultura que se niega a reconocer sus propias contradicciones. Trump no creó esa sombra; la encarnó y la proyectó de manera visible, permitiendo que millones de personas se identificaran con impulsos que, en otras circunstancias, permanecerían reprimidos.

En A Clear and Present Danger: Narcissism in the Era of President Trump, los autores argumentan que el narcisismo de Trump es tanto un conflicto personal como un espejo de un narcisismo cultural más amplio. Su retórica violenta y divisiva funcionó como un catalizador para que la sombra colectiva emergiera sin filtros, transformando el discurso público en un campo de batalla simbólico donde lo reprimido se manifiesta abiertamente.

El Arquetipo del Apocalipsis.

El arquetipo del apocalipsis no se refiere únicamente a la destrucción física, sino a la revelación (apokálypsis significa "desvelar" en griego). En tiempos de crisis, este arquetipo se activa, generando narrativas de colapso inminente y lucha entre fuerzas absolutas del bien y del mal. Trump y sus seguidores adoptaron esta lógica apocalíptica, presentando su proyecto político como una última batalla para "salvar" a Estados Unidos de enemigos internos y externos.

Karen Armstrong, en The Battle for God, describe cómo los movimientos fundamentalistas surgen en contextos de crisis cultural, utilizando la retórica del apocalipsis para movilizar emociones primitivas de miedo y odio. La política se convierte así en una guerra simbólica donde el compromiso y el diálogo son vistos como traición, y la violencia (real o simbólica) se justifica en nombre de una causa "superior".

La existencia de figuras como Donald Trump no es un accidente histórico ni un simple error político. Es un fenómeno arquetípico que revela dinámicas psíquicas profundas: la fascinación por el líder fuerte, el miedo a la complejidad, la proyección de la sombra y la necesidad de certezas absolutas en tiempos de incertidumbre. Comprender estos procesos desde la psicología no solo es un ejercicio intelectual, sino una tarea urgente para quienes buscan resistir la seducción del autoritarismo y el sectarismo.


Christian Ortíz.

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